Elogio a la ambigüedad
¿Para qué quieres saber? Eso me decían cuando preguntaba cosas que no me incumbían. Lo cierto es que todos queremos saber todo, pero hay tanta virtud en esa pregunta tan sencilla ¿para qué? A lo cual muchas veces respondo: pues nomás para saber. ¿Por qué? Porque somos seres de conceptos, desde el primer hombre, que su primer tarea fue ponerle nombre a los demás seres; Delimitarlos en un concepto. Desde aquella ocasión hasta la fecha el hombre ha estado imparable, buscando entender todo lo que pueda ver e incluso lo que no también.
A nivel personal, muchas veces nuestro cerebro parece calmarse cuando sabe el nombre de lo que le pasa, por ejemplo con un diagnóstico médico. Pareciera que uno ya se siente mejor nomás con saber porque le duele la panza cuando le dicen que tiene gastroenteritis. (Si supieras que es otra forma de decir dolor de estómago). De algún modo cuando podemos darle una etiqueta a nuestro mal, ya vamos mejorando. Pero de nuevo, ¿para qué queremos saber todo de todo? Aquí le va otra propuesta.
Tenemos una obsesión por definir las cosas; en algunos casos es sano y necesario, pero en otros la ambigüedad le da un toque de belleza discreta a lo indefinido. Lo que escapa al conocimiento del hombre siempre ha de causar sorpresa. Ya lo decía Lovecraft que el miedo más antiguo es aquel que se tiene a lo desconocido. Y de ahí que nuestro cerebro se empeñe en querer conocer lo más que pueda, para minimizar riesgos.
Lo diferente, lo bizarro (en el sentido moderno del término), lo feo incluso, es hermoso porque nos transporta en el tiempo para ser de nuevo los mocosos curiosos con la pizca suficiente de miedo y la dosis adecuada de inquisición; un pie delante del otro para darle vida a una nueva definición y matar lo desconocido. Pero aquí está mi propuesta, querido lector: lo que yo propongo es no descubrirlo (o no del todo), sino vivir a gusto sabiendo que hay cosas que no sabemos. Salvo en ciertos casos, como en lo emocional donde la ambigüedad por lo general se traduce en problemas, siento que si no es vital analizarlo y definirlo, no tenemos la obligación de hacerlo.
Lo cierto es que la constante búsqueda de la definición de conceptos, momentos o periodos limita la libertad intrínseca que tiene lo borroso, lo no rígido. La belleza de una adivinanza no está solo en la respuesta sino en la estructura del acertijo, en ese jugueteo entre las imágenes y palabras. Sucede algo similar que con las ilusiones: una vez develado el truco, este pierde su gracia hasta cierto punto. Pero lo ambiguo, ¡oh, lo ambiguo!, eso nos mantiene enganchados sintiendo tanto sin saber por qué. Y en esas ocasiones hay que saborearlo, porque como humanos inevitablemente tendremos que encerrarlo en las paredes delimitadas de una entrada de diccionario.
La palabra ambigüedad está compuesta por las partículas latinas amb, es decir por ambos lados, y agere, que significa mover. En otras palabras, nos da opciones. Si quieres puede ser esto y si no quieres, pues lo otro. ¿Y a quién no le gusta tener opciones?
Hay una naturaleza líquida en lo ambiguo que hace hermoso el no enfocarse tanto en querer condensar las sensaciones, experiencias, instantes, situaciones y cualquier otra cosa que nos hayamos atrevido a encapsular en la frialdad de un concepto. La calidez de una nube de significado no delineado evaporándose por el espacio vacío sin detenerse ante interrogaciones. Flota la ambigüedad hasta que la atrapemos, pero acá entre usted y yo, ojalá se nos escape.
Así que cuando usted pregunte por algo y le respondan diciendo "¿para qué quieres saber?", piénselo bien. A veces es uno más feliz sin saber tanto. No se ven ignorantes con depresión, piénselo. Aunque si usted logra definir todo en su vida, dígame el truco. Yo seguiré disfrutando de no tener ni idea. Lo que sí tengo bien claro es que no lo tengo ni remotamente claro del todo.

La ambigüedad debe estar sorrojada con semejante elogio. Es justo admitir que lo ambiguo tiene su encanto.
ResponderBorrarGracias por compartir, Saludos.
Mínimo, un servidor se ha sonrojado. Gracias por leerme.
BorrarMe llamó la atención el título, ya que hoy por hoy lo ambiguo no es precisamente valorado o popular y pensé que me gustaría, no me imaginé que tanto.
ResponderBorrarGracias por compartirlo.
Gracias por comentar y por leerme. Por cierto, tu nombre es muy original, ¿qué significa? Saludos.
BorrarGracias, aunque sinceramente no requirió mucha creatividad de mi parte, significa rocío en una de las variantes Náhuatl que hay.
BorrarIgualmente un saludo.